Archivo de la categoría: homicidio

Doble homicidio y debate de género

Marcelo Cristian Bernasconi tiene 18 años y está acusado de matar a su madre, doña Juana, de 60 años; y a su hermano, Carlos, de 28. Aparentemente, la causa del doble homicidio habría sido el hostigamiento al que lo sometían por su homosexualidad. El homicidio doblemente calificado ocurrió en una casa del kilómetro 79 de la ruta 26, en el barrio de Olmos, al sur de La Plata. Allí fue donde Marcelo Cristian ejecutó a ambos con un disparo de .22 en la nuca. Más tarde denunciaría que habían sido tres hombres los asesinos, pero la coartada se hizo añicos y admitió, finalmente, que él había sido el autor. Su abogado defensor explicó que Marcelo Crisitan vivía en un estado de “hostigamiento psicológico total” por el entorno familiar, potenciado por un ámbito rural “donde la homosexualidad está mal vista”.

Pero lo más llamativo del caso se da ahora, cuando Nicolás Malpeli, el abogado de Marcelo Cristian, pide que su pupilo sea juzgado por un tribunal que esté integrado por un magistrado gay.

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Enigma para mochileros

El crimen del mochilero no será fácil de resolver. Pero una pista fundamental puede surgir de la cámara de fotos de Sebastián Mussachio, el pibe que fue asesinado a golpes de piedra en El Shincal, una zona que en estos días ve sus verdes de montaña y monte tapados por el blanco de la nieve, en la localidad de Londres, Catamarca. El Shincal es una de las mecas a donde los viajantes llegan para experimentar con el San Pedro, el té alucinógeno que puede llevar al cielo o al infierno a quienes se le animan —o a ambos lugares a la vez.

El chico, que estudiaba luthería en Tucumán y tenía 22 años, estuvo desaparecido 19 días, desde el 23 de julio. Días largos de angustia y confusión, en los que la familia se trasladó desde la austral Comodoro Rivadavia, donde vive, hasta la provincia del noroeste. Su hermano había dicho que Sebastián, como todos los Mussachio, sabía bien dónde, cómo y cuándo acampar. E incluso, con quién. Pero las peores sospechas se precipitaron con el hallazgo de restos óseos desmembrados y calcinados en un socavón de piedra.

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Un caníbal en Buenos Aires


El Caníbal de Alvear iba caminando por San Telmo, acaso disfrutando de la noche y de la soledad de las calles. Por un momento, su imagen en el antiguo barrio porteño se parecía más a la de Jack el Destripador que a la del Doctor Lecter. Pero no se había ganado su apodo en vano. Fueron agentes del Departamento Interpol de la PFA y efectivos de la Policía de Mendoza los que lo agarraron en la esquina de Chile y Defensa y le pusieron los ganchos, ayer a las cuatro de la madrugada, después de tres años de investigación.

El Caníbal de Alvear es de General Alvear, Mendonza, y tiene 28 años. El 7 de mayo del año 2006 mató a Luciano Redemí, un pibe de 22 al que encontraron tres días después. El Caníbal le había dedicado 29 puñaladas y luego le había cortado jirones de piel de la espalda, jirones que antes exhibían un tatuaje con el que sería muy fácil reconocer al cadáver. Para no ser menos que el Doctor Lecter, el Caníbal se los comió. 

Es curioso: el propio Hannibal Lecter también estuvo refugiado en Buenos Aires (al principio de “Hannibal”), prófugo de la ley, tal como este muchacho mendocino. ¿Será Buenos Aires una ciudad friendly para con los caníbales? ¿Y qué hay de la primera fundación de la ciudad, en 1536, y del asedio de los querandíes que obligó a los adelantados de Pedro de Mendoza a buscar cualquier cosa para comer, hirviendo el cuero de sus propias botas e incluso hincándole el diente a sus compañeros muertos? Manuel Mujica Láinez contó algo de todo esto en un cuento estremecedor, “El hambre”.

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Un llamado a Mr. Musculo

Nos sacamos las ganas. Estábamos en la dependencia, charlando sobre lo asqueroso que debe ser el trabajo de estos Crime Scene Cleaners (vean lo que limpian estos verdaderos Mr. Musculo) cuando uno de los suboficiales, que habla inglés muy bien, se entusiasmó, dejó de lado el oficio que estaba redactando y dijo “¡Llamemos a una de esas empresas!”.

Marcó entonces el 001-888-577-7206 y llamó a Crime Scene Steri-Clean, quizás la más recomendable de todas estas compañías. Está en el negocio de la muerte desde 1995 y opera en el sur de California. Sus limpiadores están disponibles las 24 horas y se encargan del “aquí no ha pasado nada” en homicidios, suicidios y accidentes. Dicen que pueden remover rastros de cualquier antigüedad, olores penetrantes, putrefacciones varias. Y lo mejor de todo: no te cobran en el momento.

Abajo colgué la conversación que mantuvo el suboficial. Fue breve, porque se cortó y no pudimos volver a hacer contacto. El suboficial habló con un tal Neil, un tipo seco y antipático (con ese trabajo, no debe esperar mucho de la vida), que le dijo “No siempre necesitamos autorización de la policía para trabajar, porque hay escenas del crimen que no involucran a la policía”.

(Si en tu computadora no abre, probá acá)

¿A qué se refería exactamente Neil? No nos quedó claro. Volveremos a llamar.

Policías y bacterias

“Sabés Medaglia, cada vez que entro a la escena del crimen siento que me voy lleno de bichos y bacterias, y aunque después me bañe, igual me quedo muchos días pensando si me habré agarrado alguna peste”, me comentó el otro día un amigo, inspector de la División Homicidios de la PFA.

Los que trabajamos en la Policía lo sabemos: la sangre, los tejidos, las bacterias, todo lo que viene con la muerte puede ser nocivo para la salud de los que llegamos después. Incluso, el miedo que queda flotando.

Después, de casualidad, encontré un par de compañías yanquis que trabajan limpiando lo que queda en el lugar del hecho, “Crime Scene Cleaners”, se hacen llamar. (Hay una película muy mala con Samuel L. Jackson que trata el tema, mejor evítenla).

Le tengo que contar a mi amigo de la División Homicidios que se fije en las cosas que venden esas compañías. Tal vez, le interese entrar al próximo teatro de los acontecimientos con una máscara de éstas:

“Por cada uno nuestro que caiga, caerán cinco de ustedes”

Leo con interés creciente cómo los floggers protagonizan las páginas de los policiales… Por ahora, el fenómeno tiene carácter federal: aún no desembarcó en la gran ciudad.  Si a fines de diciembre de 2008 hablábamos del primer crimen de un flogger, ahora debemos referirnos a un nuevo crimen flogger, pero esta vez el joven flúo se para en la vereda del agresor.

En aquella oportunidad, una patota había acabado con la vida de Guillermo Joel Cáceres (/guisshe_electro) y Cumbio había salido a pedir un poco de sensatez desde su fotolog. Los invito a participar de un juego mental: ¿y si Cumbio hubiera pedido venganza en vez de sensatez? ¿Qué tal si hubiera dicho “Por cada uno nuestro que caiga, caerán cinco de ustedes”?

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Navidad negra

Papá Noel nunca trajo regalos tan malos: en Covina, un suburbio de Los Angeles, Bruce Jeffrey Pardo, un cuarentón disfrazado de Santa Claus que había sido despedido como animador de fiestas infantiles, llegó sin invitación a la fiesta de Navidad de Sylvia, su ex mujer.

Se habían separado en septiembre, y el 18 de diciembre habían firmado el divorcio. Él estaba sin trabajo desde julio y su ex había conseguido una orden para evitar su presencia cerca de la casa. En enero se iban a volver a ver, en una audiencia judicial.

En la fiesta había cerca de treinta invitados. Bruce Jeffrey Pardo, que estaba particularmente alterado aquel día, llevaba una bolsa de regalos. Cuando una nena de ocho años le abrió la puerta, comenzó a disparar con una pistola semiautomática que guardaba entre los regalos de la bolsa.

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