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Enigma para mochileros

El crimen del mochilero no será fácil de resolver. Pero una pista fundamental puede surgir de la cámara de fotos de Sebastián Mussachio, el pibe que fue asesinado a golpes de piedra en El Shincal, una zona que en estos días ve sus verdes de montaña y monte tapados por el blanco de la nieve, en la localidad de Londres, Catamarca. El Shincal es una de las mecas a donde los viajantes llegan para experimentar con el San Pedro, el té alucinógeno que puede llevar al cielo o al infierno a quienes se le animan —o a ambos lugares a la vez.

El chico, que estudiaba luthería en Tucumán y tenía 22 años, estuvo desaparecido 19 días, desde el 23 de julio. Días largos de angustia y confusión, en los que la familia se trasladó desde la austral Comodoro Rivadavia, donde vive, hasta la provincia del noroeste. Su hermano había dicho que Sebastián, como todos los Mussachio, sabía bien dónde, cómo y cuándo acampar. E incluso, con quién. Pero las peores sospechas se precipitaron con el hallazgo de restos óseos desmembrados y calcinados en un socavón de piedra.

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Dos fotógrafos

Weegee y Arnold Odermatt supieron capturar, a través de sus cámaras, el ruidoso espíritu del poliladron. El primero retrató la noche neoyorquina  de los freaks y los infractores durante los años ’40. En una época en la que el policial negro –desde la literatura y el cine– ponía el ojo en una sociedad corrompida (y ya no en el veneno de los mayordomos), Weegee hizo lo mismo desde la fotografía, utilizando una cámara Graflex Speed Graphic preseteada en f16 y 1/200, y con su libro Naked City (1945) inspiró una película (homónima, 1948) e incluso una serie de tevé. Weegee era, ya en 1938, el único fotoreportero autorizado a llevar una radio capaz de captar la frecuencia policial y en el asiento de atrás del auto se había armado un cuarto oscuro express.

Odermatt, en cambio, miraba desde el otro lado del escritorio: era teniente de la policía suiza y entre 1948 y 1990 documentó accidentes de tráfico en el cantón de Nidwalden con una Rolleiflex y un cartucho de magnesio que le permitía iluminar la oscuridad de la noche durante 13 segundos, para descubrir chatarra abollada, parabrisas astillados y neumáticos corridos de eje. Sus fotos hacían que un peritaje técnico adquiriera la forma de arte, y acaso dotaran de calidad estética a los expedientes que las contenían.

Vale la pena ver las obras de Weegee y de Odermatt.