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Enigma para mochileros

El crimen del mochilero no será fácil de resolver. Pero una pista fundamental puede surgir de la cámara de fotos de Sebastián Mussachio, el pibe que fue asesinado a golpes de piedra en El Shincal, una zona que en estos días ve sus verdes de montaña y monte tapados por el blanco de la nieve, en la localidad de Londres, Catamarca. El Shincal es una de las mecas a donde los viajantes llegan para experimentar con el San Pedro, el té alucinógeno que puede llevar al cielo o al infierno a quienes se le animan —o a ambos lugares a la vez.

El chico, que estudiaba luthería en Tucumán y tenía 22 años, estuvo desaparecido 19 días, desde el 23 de julio. Días largos de angustia y confusión, en los que la familia se trasladó desde la austral Comodoro Rivadavia, donde vive, hasta la provincia del noroeste. Su hermano había dicho que Sebastián, como todos los Mussachio, sabía bien dónde, cómo y cuándo acampar. E incluso, con quién. Pero las peores sospechas se precipitaron con el hallazgo de restos óseos desmembrados y calcinados en un socavón de piedra.

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La expedición

 

El hombre de hierro juntó un par de mochilas bien equipadas, agarró su cuchillo comando y el rifle, revisó su moto una vez más y se lanzó a la ruta. El sonido del motor, que pasaba desapercibido en la ciudad de Oceanside, en California, ganó protagonismo cuando los edificios y las calles quedaron atrás. En la ruta, sólo los camiones que pasaban de vez en cuando lo opacaban. Unos cuantos kilómetros después, entró en el desierto. Y el silencio fue total. Ahí sí, sólo el motor de su vieja moto repiqueteaba: “rrrrrrrrrr”.

“Mi plan es ir al desierto, acampar, andar en moto y disparar algunas armas. Suena bastante divertido para mí. Mucha gente lo hace”, escribió en su blog el luchador de kick boxing y jiu jitsu Evan Tanner. Le habían advertido que era peligroso, pero no le importó. Unos días antes, fantaseaba con volver millonario: “La idea de ir al desierto surgió de una charla con Sara, que me contó de los tesoros escondidos y del oro perdido; fue suficiente para mi apetito insaciable de aventura y exploración”.

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