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Enigma para mochileros

El crimen del mochilero no será fácil de resolver. Pero una pista fundamental puede surgir de la cámara de fotos de Sebastián Mussachio, el pibe que fue asesinado a golpes de piedra en El Shincal, una zona que en estos días ve sus verdes de montaña y monte tapados por el blanco de la nieve, en la localidad de Londres, Catamarca. El Shincal es una de las mecas a donde los viajantes llegan para experimentar con el San Pedro, el té alucinógeno que puede llevar al cielo o al infierno a quienes se le animan —o a ambos lugares a la vez.

El chico, que estudiaba luthería en Tucumán y tenía 22 años, estuvo desaparecido 19 días, desde el 23 de julio. Días largos de angustia y confusión, en los que la familia se trasladó desde la austral Comodoro Rivadavia, donde vive, hasta la provincia del noroeste. Su hermano había dicho que Sebastián, como todos los Mussachio, sabía bien dónde, cómo y cuándo acampar. E incluso, con quién. Pero las peores sospechas se precipitaron con el hallazgo de restos óseos desmembrados y calcinados en un socavón de piedra.

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Un llamado a Mr. Musculo

Nos sacamos las ganas. Estábamos en la dependencia, charlando sobre lo asqueroso que debe ser el trabajo de estos Crime Scene Cleaners (vean lo que limpian estos verdaderos Mr. Musculo) cuando uno de los suboficiales, que habla inglés muy bien, se entusiasmó, dejó de lado el oficio que estaba redactando y dijo “¡Llamemos a una de esas empresas!”.

Marcó entonces el 001-888-577-7206 y llamó a Crime Scene Steri-Clean, quizás la más recomendable de todas estas compañías. Está en el negocio de la muerte desde 1995 y opera en el sur de California. Sus limpiadores están disponibles las 24 horas y se encargan del “aquí no ha pasado nada” en homicidios, suicidios y accidentes. Dicen que pueden remover rastros de cualquier antigüedad, olores penetrantes, putrefacciones varias. Y lo mejor de todo: no te cobran en el momento.

Abajo colgué la conversación que mantuvo el suboficial. Fue breve, porque se cortó y no pudimos volver a hacer contacto. El suboficial habló con un tal Neil, un tipo seco y antipático (con ese trabajo, no debe esperar mucho de la vida), que le dijo “No siempre necesitamos autorización de la policía para trabajar, porque hay escenas del crimen que no involucran a la policía”.

(Si en tu computadora no abre, probá acá)

¿A qué se refería exactamente Neil? No nos quedó claro. Volveremos a llamar.

Policías y bacterias

“Sabés Medaglia, cada vez que entro a la escena del crimen siento que me voy lleno de bichos y bacterias, y aunque después me bañe, igual me quedo muchos días pensando si me habré agarrado alguna peste”, me comentó el otro día un amigo, inspector de la División Homicidios de la PFA.

Los que trabajamos en la Policía lo sabemos: la sangre, los tejidos, las bacterias, todo lo que viene con la muerte puede ser nocivo para la salud de los que llegamos después. Incluso, el miedo que queda flotando.

Después, de casualidad, encontré un par de compañías yanquis que trabajan limpiando lo que queda en el lugar del hecho, “Crime Scene Cleaners”, se hacen llamar. (Hay una película muy mala con Samuel L. Jackson que trata el tema, mejor evítenla).

Le tengo que contar a mi amigo de la División Homicidios que se fije en las cosas que venden esas compañías. Tal vez, le interese entrar al próximo teatro de los acontecimientos con una máscara de éstas: