Enigma para mochileros

El crimen del mochilero no será fácil de resolver. Pero una pista fundamental puede surgir de la cámara de fotos de Sebastián Mussachio, el pibe que fue asesinado a golpes de piedra en El Shincal, una zona que en estos días ve sus verdes de montaña y monte tapados por el blanco de la nieve, en la localidad de Londres, Catamarca. El Shincal es una de las mecas a donde los viajantes llegan para experimentar con el San Pedro, el té alucinógeno que puede llevar al cielo o al infierno a quienes se le animan —o a ambos lugares a la vez.

El chico, que estudiaba luthería en Tucumán y tenía 22 años, estuvo desaparecido 19 días, desde el 23 de julio. Días largos de angustia y confusión, en los que la familia se trasladó desde la austral Comodoro Rivadavia, donde vive, hasta la provincia del noroeste. Su hermano había dicho que Sebastián, como todos los Mussachio, sabía bien dónde, cómo y cuándo acampar. E incluso, con quién. Pero las peores sospechas se precipitaron con el hallazgo de restos óseos desmembrados y calcinados en un socavón de piedra.

Los investigadores de la policía catamarqueña y de la Gendarmería sospechan que todo se inició con una pelea con otros mochileros, y que los agresores decidieron quemar todo y huir cuando se dieron cuenta de que habían matado al pibe. En los campings de El Shincal no hay registros de moradores. Y la afluencia es variada: llegan de todo el país en busca del azar psicotrópico del San Pedro. Por ahora, sólo una pareja de hippies fue demorada, para ser liberada poco después, cuando pudo demostrar que sólo llevaban tres días acampando ahí. El forense indicó que la muerte de Musacchio data de diez días atrás. Tal vez, del 30 de julio, justo la fecha en que un lugareño observó una gran fogata en el cerro.

Fue la novia del mochilero la que encontró las primeras pertenencias. Ella, que lo esperaba en Tucumán, tomó la decisión de viajar a la zona catamarqueña que habían visitado juntos el año pasado. Sabía que Sebastián quería volver a El Shincal. Y ahí, entre los arbustos, descubrió parte de la carpa, una toalla y una bombilla. Los restos humanos aparecerían tres días más tarde.

Es en este punto en el que aparece la apuesta de la cámara, encontrada por los peritos a cierta distancia de los restos óseos. Cuando la recogieron, notaron que estaba cargada con un rollo. Lo sacaron: era blanco y negro. Ahora, esperan a ver las fotos y encontrar, si la suerte los acompaña, algún sujeto retratado que les dé una pista para seguir. Mientras tanto, el químico revelador hace su trabajo.

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