La expedición

 

El hombre de hierro juntó un par de mochilas bien equipadas, agarró su cuchillo comando y el rifle, revisó su moto una vez más y se lanzó a la ruta. El sonido del motor, que pasaba desapercibido en la ciudad de Oceanside, en California, ganó protagonismo cuando los edificios y las calles quedaron atrás. En la ruta, sólo los camiones que pasaban de vez en cuando lo opacaban. Unos cuantos kilómetros después, entró en el desierto. Y el silencio fue total. Ahí sí, sólo el motor de su vieja moto repiqueteaba: “rrrrrrrrrr”.

“Mi plan es ir al desierto, acampar, andar en moto y disparar algunas armas. Suena bastante divertido para mí. Mucha gente lo hace”, escribió en su blog el luchador de kick boxing y jiu jitsu Evan Tanner. Le habían advertido que era peligroso, pero no le importó. Unos días antes, fantaseaba con volver millonario: “La idea de ir al desierto surgió de una charla con Sara, que me contó de los tesoros escondidos y del oro perdido; fue suficiente para mi apetito insaciable de aventura y exploración”.

Evan Tanner acampó, como había dicho, en las montañas de Palo Verde, en el límite estatal entre Arizona y California. Disparó sus armas, como había dicho. Pero no pudo andar en la moto: la falta de combustible lo sorprendió antes de lo esperado. La desesperación apareció pronto. Tan pronto como se acabó el agua de su cantimplora. La temperatura en el desierto se hace sentir: el termómetro tocó los 46 grados cada una de las tardes que Tanner que estuvo lejos de casa.

El hombre de hierro decidió buscar su salvación. No se sabe cuándo dejó el campamento, pero sí que el miércoles Tanner pudo hablar con la mujer de un amigo, y le contó que iba a volver caminando. Tenía que recorrer casi cien kilómetros hasta la ciudad de Brawley, la más cercana, con el sol en la frente y los escorpiones en los pies, y el cemento intransitado de la ruta ardiendo.

Pero Tanner no era un tipo que se diera fácil por vencido. Con 1,83 metros y 84 kilos, había cosechado laureles y derrotas como gladiador de la lucha libre. Tenía 32 victorias y 8 derrotas. Después de ganar el título de la Ultimate Fighting Championship en el año 2005 y de perderlo cuatro meses después, había probado a distintos rivales, el último en Las Vegas, con peor suerte que antes: perdió cuatro de sus últimas cinco peleas.

También había probado el abuso de alcohol, la quiebra económica y el fracaso con las mujeres. A los 37 años, lo único que le quedaba a Tanner, entonces, era seguir con su carrera como luchador. Que además era lo único que sabía hacer: desde que estaba en la secundaria, en la Caprcok Hight School de Amarillo, Texas, se dedicaba a derribar rivales como si fueran muñecos de torta. Su primer título lo obtuvo en 1989, como campeón del estado de Texas. Después, dejó el colegio: buscaba otro tipo de educación, y salió a la ruta.

Y en la ruta murió. Lo divisaron desde un helicóptero de los Marines, cuando ya era evidente que estaba desaparecido y rastrillaban la zona para encontrarlo. Fue el lunes. El Sheriff de Imperial County, George Moreno, confirmó que una deshidratación mortal había acabado con el hombre de hierro.

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