Ojos verdes (navajazos mortales y pop árabe)

Ésta es una historia donde se conjugan millones de libras egipcias, un ex policía codicioso, la corruptela política y el decadente pop árabe. Es la historia de Suzanne Tamim, la pop idol que terminó sus días desfigurada por el cuchillo desprolijo de un sicario que cobró mucho por el crimen y sin embargo no supo ocultar a su patrón, que es uno de los tipos que más construyó en Egipto desde la época de las pirámides.

Suzanne, que era libanesa, murió el jueves pasado. Hace menos de una semana. En el Líbano, sus ojos verdes iluminaban las arenas de un pop local de bajo vuelo. Mientras escribo esto, pienso en su rostro. ¿Conservará todavía algo de esa belleza? ¿O el encierro de la tumba y el ataque de la navaja lo habrán ya aborrecido para siempre?

El jueves a la noche, entonces, Mushen el-Sukkari, tocó el timbre del piso 22 que ocupaba Suzanne en un edificio del elegante barrio de Al Jumuriyah, en Dubai, Emiratos Árabes. Dijo que era el representante de los propietarios, y que traía una carta y un regalo. Pero en realidad era un policía retirado antes de tiempo, que traía un cuchillo. Suzanne abrió, ingenua. Mushen la atacó sin piedad ni demora: hundió el cuchilllo en su carne unas cuantas veces. La fileteó (porque esa es la palabra) regando de sangre el elegante hall. Brutal y dedicado, al final el-Sukkari le cortó las venas y la traquea, porque le pareció que todavía entraba y salía un hilo de aire de entre sus labios, y no quería dejar rango de error. Le habían prometido más de diez millones de libras egipcias (unos dos millones de dólares) por la faena.

Un valor sobreestimado, si se tiene en cuenta que en menos de una semana el ex policía estaba contando todo ante los fiscales árabes. Y ni siquiera pudo limpiar con sus coartadas el manto de sospecha que cae sobre el megaempresario egipcio Hisham Talaat Mustafa, que fue arrestado el martes siguiente en El Cairo, acusado del encargo, aunque no se conocen los detalles precisos. Si resulta culpable, podría llegar a tener que cruzarse con un verdugo al final de su camino. Hisham es (¿era?) el CEO del Talaat Moustafa Group (TMG), uno de los consorcios más grandes de Egipto, que incluye 23 empresas –muchas dedicadas a la construcción– y más de 10 mil empleados. Uno de esos empleados era el-Sukkari, el ex policía, que trabajaba en la oficina de seguridad del Hotel Four Season del complejo del Mar Rojo de Sharm el-Sheikh, propiedad del grupo TMG. Un lugar paradisíaco, dicen (yo no lo conozco).

Ahora Tarek, el hermano de Hisham, es el nuevo CEO del TMG, y sus acciones en la bolsa cayeron un 16% el día del arresto. A eso hay que sumarle los dos millones de dólares tirados a la basura que le habría pagado Hisham al ex policía. Todo es, en definitiva, una mala gestión de un hombre que no era ningún principiante: además de magnate, Hisham es (¿era?) un alto cargo del Partido Nacional Democrático, al que pertenece el presidente Hosni Mubarak, y miembro de la Cámara Alta del Parlamento, la Shura.

Suzanne, en cambio, había ganado Pop Idol. Es decir, Studio Al Fann, que así se llama la versión libanesa, transmitida por el canal LBC. Fue en 1996. Ella era una borrega de 19 años que enamoraba al jurado con  una voz clara y afinada, y con esos mismos ojos verdes que se llenarían de horror frente a su matador en su hora final. Después del Pop Idol libanés, no hubo más buenas noticias para Suzanne. Un par, tal vez. Pero siempre con una sorpresiva contracara negativa. Como si, en su caso, el dicho fuera “no hay bien que por mal no venga”. Primero se casó con un tal Ali Muzannar, de quien se divorció al poco tiempo en 2002. Un par de meses después, el director de aquel Pop Idol le presentó a un productor musical, Adel Maatour, dueño de un sello, la Arab European Record Company. Al principio fue todo sonrisas entre ellos, y a eso le agregaron un contrato por diez años y un casamiento. Después, alargaron el contrato a quince años. Pero en sólo ocho meses comenzaron los problemas matrimoniales y profesionales, que eran casi lo mismo. El productor le pidió que abandonara los escenarios. Ella se negó. Él, entonces, le negó cualquier grabación o actuación, y obtuvo una orden judicial para impedirle salir del Líbano, amparado en la legislación civil de aquel país. Se encargó, además, de querellar a las estaciones y canales que pasaran los temas de Suzanne incluso en Siria y Egipto. (Comentarios sobre el lugar de la mujer en Medio Oriente, por favor abstenerse).

Se lo había propuesto y lo logró: la hizo desaparecer de la faz del espectáculo. Pero no terminó ahí: después la acusó de romper el contrato y de haberle robado 350 mil dólares. Suzanne fue presa en 2004, un par de días. Y en 2005 el productor volvió a denunciarla, esta vez de querer matarlo, luego de haber sido blanco de un ataque callejero que lo dejó herido de un balazo.

De alguna manera, Suzanne logró el divorcio en 2006. Pero ni siquiera entonces pudo rehacer su vida. Los hechos demuestran que, al contrario, las cosas se le complicaron un poco más.

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Una respuesta a “Ojos verdes (navajazos mortales y pop árabe)

  1. la verdad me parese muy duro que una persona haga eso no entiendo porque en ese pais hay tanta gurra y matar a suzanne tamim ,es lo mas bajo que pudo hacer el magnate egipcio ,pero como siempre la gente despues que haya dinero depormedio todo se puede y la muerte de un angel que impude coto los de mas del mundo..para my es la pena de muerte ,al que hierro mata a hirro muere.. soy colombiana

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