
Papá Noel nunca trajo regalos tan malos: en Covina, un suburbio de Los Angeles, Bruce Jeffrey Pardo, un cuarentón disfrazado de Santa Claus que había sido despedido como animador de fiestas infantiles, llegó sin invitación a la fiesta de Navidad de Sylvia, su ex mujer.
Se habían separado en septiembre, y el 18 de diciembre habían firmado el divorcio. Él estaba sin trabajo desde julio y su ex había conseguido una orden para evitar su presencia cerca de la casa. En enero se iban a volver a ver, en una audiencia judicial.
En la fiesta había cerca de treinta invitados. Bruce Jeffrey Pardo, que estaba particularmente alterado aquel día, llevaba una bolsa de regalos. Cuando una nena de ocho años le abrió la puerta, comenzó a disparar con una pistola semiautomática que guardaba entre los regalos de la bolsa.