
El Caníbal de Alvear iba caminando por San Telmo, acaso disfrutando de la noche y de la soledad de las calles. Por un momento, su imagen en el antiguo barrio porteño se parecía más a la de Jack el Destripador que a la del Doctor Lecter. Pero no se había ganado su apodo en vano. Fueron agentes del Departamento Interpol de la PFA y efectivos de la Policía de Mendoza los que lo agarraron en la esquina de Chile y Defensa y le pusieron los ganchos, ayer a las cuatro de la madrugada, después de tres años de investigación.
El Caníbal de Alvear es de General Alvear, Mendonza, y tiene 28 años. El 7 de mayo del año 2006 mató a Luciano Redemí, un pibe de 22 al que encontraron tres días después. El Caníbal le había dedicado 29 puñaladas y luego le había cortado jirones de piel de la espalda, jirones que antes exhibían un tatuaje con el que sería muy fácil reconocer al cadáver. Para no ser menos que el Doctor Lecter, el Caníbal se los comió.
Es curioso: el propio Hannibal Lecter también estuvo refugiado en Buenos Aires (al principio de “Hannibal”), prófugo de la ley, tal como este muchacho mendocino. ¿Será Buenos Aires una ciudad friendly para con los caníbales? ¿Y qué hay de la primera fundación de la ciudad, en 1536, y del asedio de los querandíes que obligó a los adelantados de Pedro de Mendoza a buscar cualquier cosa para comer, hirviendo el cuero de sus propias botas e incluso hincándole el diente a sus compañeros muertos? Manuel Mujica Láinez contó algo de todo esto en un cuento estremecedor, “El hambre”.